El reto
En una planta de tratamiento de agua de Killaloe, en la provincia de Ontario (Canadá), se utilizó cloro como desinfectante durante muchos años. Sin embargo, al utilizar cloro, se forman subproductos tóxicos (trihalometanos (THM)) cuando el cloro reacciona con la materia orgánica presente en el agua. Los trihalometanos son cancerígenos y, por lo tanto, el Ministerio de Medio Ambiente (MOE) dictaminó que el nivel de THM en el agua potable no debía superar los 100 μg/l.
Cuando se superó el límite legislado de 100 μg/l, se lavó el sistema de agua potable y se renovó el agua de los pozos claros. Esta era una solución eficaz, pero era temporal y tenía un par de desventajas. Este método era ineficaz, ya que se desperdiciaban grandes cantidades de agua tratada. Este método también era muy costoso debido al uso de productos químicos y electricidad para el tratamiento de las aguas residuales.